Cómo evitar la falta de humildad en los negocios

Cómo evitar la falta de humildad en los negocios

La humildad es un atributo esencial para la gente de bien… y los grandes líderes del siglo XXI. Habitualmente, el éxito viene de la mano de tres virtudes: la actitud humilde, ya mencionada, la confianza y el trabajo duro. Si a ellas les sumamos la innovación y una adecuada gestión, más ese poquitín de suerte que todo proyecto necesita, alcanzar tus metas resultará más factible. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando consigues tus propósitos y el éxito te sonríe? ¿Es complicado seguir siendo humilde?

Esta virtud, como cualquier otra, depende del carácter y el estilo personal. No tienes más que asomarte a los medios de comunicación para ver, por ejemplo, cómo Donald Trump hace ostentación de sí mismo en todo caso, aprovechando cualquier medio y rozando con frecuencia lo ridículo. El presidente de Estados Unidos es un hombre capaz de poner su nombre en letras doradas en cada uno de sus edificios y presumir de méritos propios, incluso ajenos, con una soberbia desmedida. En el plano positivo, no te resultará difícil encontrar referencias de grandes triunfadores humildes, como Bill Gates —siempre en zapatillas y vaqueros, con una actitud sencilla— o nuestro admirado Rafa Nadal.

Por qué los triunfadores necesitan ser humildes

El hecho de que existan líderes y personas exitosas que reniegan de lo humilde no es óbice para afirmar que es un atributo valiosísimo para el trabajo diario orientado a objetivos y a la gestión de equipos humanos. Cuando la confianza en el triunfo va acompañada de esta virtud, somos más capaces de conocer y admitir cuáles son nuestras limitaciones y debilidades, así como nuestros puntos fuertes.

Esta calidad humilde te ayuda a crecer, te hace más fuerte, más ejemplar y admirable. La gente empatizará contigo y tenderán a colaborar, apoyarte y reforzar tus esfuerzos de un modo natural y, por eso mismo, más eficaz y productivo.

Ser humilde cuando las cosas van despacio, no salen tan bien como querrías o te obligan a luchar cuerpo a cuerpo con el destino en cada instante, resulta relativamente fácil. Pero ¿cómo hacer que el éxito no se te suba a la cabeza? Triunfar es genial, magnífico, maravilloso. Con todo, la vida sigue. Igual que el medallista olímpico que ha ganado un oro en su modalidad comienza a preparar su siguiente cita deportiva al día siguiente de su logro, así los emprendedores, empresarios y directivos, las personas en general, debemos seguir adelante tras alcanzar las metas programadas.

Sin embargo, el ego es peligroso. Somos humanos y, por lo tanto, imperfectos. Quizás estás empezando a poner distancia con tu gente, tus colaboradores, tu equipo, tus clientes, tu familia y todos aquellos a los que necesitas para seguir triunfando. ¡No es inteligente empeorar, cuando precisamente has conseguido tus propósitos siendo como eras!

Cómo evitar morir de éxito

Hay dos clases de triunfo: el que se busca per se, por sí mismo, y aquel que es la consecuencia de un buen hacer continuado. En el primer caso, depende en gran medida del reconocimiento ajeno. Y, por eso mismo, la vanidad se esconde tras él. A menudo, esa necesidad esconde una falta de autoestima y una necesidad de sentirse querido, que se reemplaza por esa notoriedad o popularidad.

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Tampoco ayuda la intervención de los pelotas y halagadores profesionales, quienes se subirán a tu carro ganador regalándote los oídos y alejándote de la realidad que te hizo triunfar.

Si los logros ponen en riesgo tu valor humilde, y este te hace falta para seguir avanzando, necesitas conocer algunas pautas y recetas para mantenerte en la cima sin dejar de ser quien eras.

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4 claves para profesionales exitosos

1. Sigue preparándote. El cambio es la única constante en nuestro día a día. Si nos quedamos quietos, por muy arriba que nos encontremos, vamos a ser superados rápidamente. Así que es necesario seguir bien asentados en el suelo de la realidad y decidir qué competencias, talentos y recursos precisamos para seguir mejorando con vistas al futuro… y sobre todo al presente.

2. Cuida tu red de aliados. Nadie llega solo a ningún sitio. Los triunfadores siempre tienen un entorno que lo apoya y estimula, sea técnica o emocionalmente. Esa red de contactos que te ha llevado arriba puede resultarte menos útil que antes, pero esto no implica que debas renunciar a ella o dejar de cuidarla. En el equilibrio está la clave: conservar la red antigua y renovarla para que te ayude en las nuevas exigencias de esta exitosa situación es determinante.

3. Eleva a tu equipo. Tus cercanos siguen siendo imprescindibles: comparte con ellos tu méritos, tus recompensas y tus nuevos proyectos. La generosidad es importante, vital podríamos decir. Un error frecuente es que los ganadores se desprendan de sus colaboradores más críticos. Porque la crítica, ser cuestionados, alimenta e impulsa la mejora.

4. Abraza nuevos retos. Quien no sigue aspirando a más, se queda en el camino. La meta debe ser otro punto de partida. ¡No te frenes y decide continuar avanzando!

Con humildad, tino y trabajo, puedes alcanzar tus metas profesionales. Sin ellos, no tardarás en fracasar.

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