La composición del inmovilizado material

El inmovilizado material es una de las partes más importantes del balance financiero de un negocio. Este concepto engloba a todos aquellos bienes que vamos a utilizar durante un ciclo mayor al económico de la empresa, el cual dura un año. Sin embargo, esto no quiere decir que sea el concepto que determina su categoría. Puede ocurrir que en ocasiones adquiramos mercancía que no vendemos hasta pasado más de un año, pero eso no convertirá a estos bienes en parte del inmovilizado material.

Todos los productos que tienen esta consideración comparten un mismo fin. Y es que no se adquieren con el objeto de comerciar con ellos, sino que están destinados a ayudar de uno u otro modo a la producción de los bienes y servicios. Forman parte de la estructura de la empresa.

¿Qué bienes forman parte del inmovilizado material?

Así pues, el inmovilizado material queda formado por todos aquellos bienes físicos y tangibles que sustentan la producción de cuanto la empresa comercializa, así como a su actividad diaria. Esto engloba desde la maquinaria requerida hasta los vehículos, los terrenos y los edificios en los que se trabaja si son propios, entre otros.

Tipos de inmovilizado material y su estructura dentro del PGC

A nivel contable, el inmovilizado material se encuadra dentro del grupo 2 y, más concretamente, en el subgrupo 21. Este, a su vez, se subdivide en las siguientes categorías.

Terrenos y bienes naturales

Es el subgrupo 210, en el que situamos, principalmente, solares de naturaleza urbana y fincas rústicas. Se cargan por su coste de adquisición o, en su defecto, por el de producción.

Construcciones

Aquí reflejaremos el coste de adquisición de todas aquellas edificaciones que sean propiedad de la empresa que, en muchos casos, estarán ubicadas en los terrenos de la cuenta previa 210. Sin embargo, esto separa el gasto que supone el suelo de lo que en él está construido.

Hay que destacar un caso concreto que podría suscitarnos alguna duda: el de empresas dedicadas al sector inmobiliario. En esos supuestos no daremos este tratamiento a inmuebles que se adquieran con el único propósito de una venta posterior, pese a que por lo peculiar de este negocio los edificios pudieran permanecer en nuestro poder durante varios ciclos económicos.

Instalaciones técnicas

En la subcuenta 212 encontramos la partida de instalaciones técnicas. Esta engloba grandes unidades del proceso de producción que cuentan con unas características concretas y específicas y que, si bien podrían tener cabida en otras categorías incluso de forma separada, forman una unidad y actúan en conjunto.

Un claro ejemplo con el que podemos definir de una forma más gráfica este subgrupo es el de una planta de reciclaje. Un negocio que se dedique a la gestión de residuos y posea una, mandará a la cuenta 211 los edificios en que se ubiquen oficinas o las estancias administrativas. Pero la planta en concreto tendrá cabida en este 212, dada su vinculación mucho más directa con la propia actividad.

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Maquinaria

Refleja todos aquellos bienes de equipo cuyo fin es el de extraer o elaborar el producto final. Un tipo de maquinaria que vemos de manera muy habitual en esta subcuenta, la 213, son los vehículos destinados al traslado de personal o mercancías a nivel interno, esto es, sin salir al exterior de la empresa y sin incluir, obviamente, el transporte desde proveedores o hacia clientes.

Utillaje

Generalmente, esta especie de cajón de sastre que encontramos en la cuenta 214 nos suele llamar a confusión con el apartado previo, el de maquinaria. Para dar una idea de la diferencia existente, podemos incluir en este subgrupo a la maquinaria que no es válida para diferentes procesos, sino que está más bien ligada a uno propio.

También englobamos bajo este epígrafe a elementos que, por su tamaño más bien pequeño y por sus fines, no son considerados maquinaria. Taladros, limpiadoras o útiles de pintura son algunos ejemplos.

Otras instalaciones

Esta categoría es la de más dudosa definición. Ligada a la subcuenta 215, en ella meteremos elementos ligados definitivamente a la producción, por ejemplo, repuestos o recambios de la maquinaria y el utillaje ya en funcionamiento.

Mobiliario

Bajo este epígrafe (216) nos encontraremos con todo aquello propiedad de la empresa que se dispone, por lo general, para el trabajo de oficina y administración, dejando de lado el hardware y todo lo relativo a la informática.

Mesas tanto de trabajo como dedicadas a reuniones, archivadores o armarios son algunos de los elementos más habituales que se reflejan en esta cuenta.

Equipos para proceso de información

Con el código 217 se encuentran los equipos para proceso de información, principalmente ordenadores, así como sus periféricos cuando así se considere o no cumpla los requisitos para la libertad de amortización.

Hay que destacar que no debemos meter aquí productos de software, licencias de uso y similares. Todos esos irán a parar al inmovilizado inmaterial.

Elementos de transporte

Esta cuenta (218) recoge el importe de valoración de los vehículos propiedad de la empresa que se emplean para el transporte de todo tipo, tanto de personas como de mercancías.

El fin para el que se emplee el vehículo será indiferente, siempre y cuando el transporte se realice fuera de la empresa. Por lo tanto, se categorizarán así desde camiones o furgonetas de reparto hasta coches para visitas comerciales.

Otro inmovilizado material

Finalmente, cerramos el apartado con el subgrupo 219. Este engloba todo aquel bien que cumpla las condiciones para ser considerado inmovilizado pero que, por su definición, no veamos adecuado en ninguno de los epígrafes anteriormente descritos. Envases o embalajes que no puedan considerarse mercancía son un ejemplo.

¿Cómo se valora el inmovilizado?

Todo este grupo tiene una gran importancia a nivel contable y fiscal. Generalmente, buena parte de los bienes adquiridos que terminan en el grupo 21 suponen un importante desembolso, pero que no podrá ser considerado gasto como tal a nivel impositivo.

De cara a su valoración, cuando se trate de una compra directa será tan sencillo como tomar el valor que figure en la factura de compra. A él podremos añadir otros gastos siempre y cuando estos no puedan individualizarse: tributos locales o autonómicos, honorarios de profesionales, etcétera.

La contrapartida de dichas compras variará en función de cómo se realice el pago, yendo generalmente contra cuentas de tesorería tanto a corto plazo (grupo 57) como a largo (17) cuando se constituyan préstamos, hipotecas o productos similares para sufragar la compra.

Cuando el elemento no se haya adquirido, sino que se haya creado dentro de la propia empresa, debemos valorarlo en función de cuánto ha costado darle forma. Para ello tendremos en cuenta diversos aspectos, como las horas de trabajo empleadas, el coste de los materiales y, en general, todo gasto en el que hayamos tenido que incurrir para fabricarlo.

Las amortizaciones

La verdadera razón que sustenta la importancia de categorizar dentro del inmovilizado material aquellos bienes que así lo requieran es la de amortizar correctamente. Al tratarse, como ya hemos visto, de elementos que van a apoyar la actividad durante varios ciclos económicos, el gasto no puede computarse enteramente en el momento de su desembolso, pues estaríamos adelantándonos.

Mediante la amortización nos ajustamos más fielmente a la realidad, difiriendo el gasto durante la vida útil prevista del bien. Decimos prevista dado que existen unas tablas que, en función de la categoría de cada elemento, estiman cuál es el porcentaje máximo de gasto que se puede imputar en cada ejercicio económico, si bien podemos optar por uno menor. Esto queda a libre albedrío.

Los asientos contables que reflejan la amortización se realizan a final de año, con anterioridad al cierre. El cómputo se hace desde una cuenta de gasto (618) contra una del grupo 281, que refleja el acumulado de todas las amortizaciones previas y donde se cargarán también las venideras.

Con las amortizaciones sucesivas iremos viendo cómo el bien en cuestión va reduciendo su valor, siempre con arreglo a los citados porcentajes máximos. Por ejemplo, para un vehículo se marca un tope del 16 % del coste de adquisición o la valoración inicial. Esto significa que tardaremos algo más de seis años en poder cargar todo el gasto.

Deterioros

Con el fin de que en algunos casos se pueda aumentar la depreciación de determinados bienes, existen también las pérdidas extraordinarias de valor del inmovilizado por deterioro. Puede suceder cuando optamos por amortizar por debajo del límite máximo en varios ejercicios y, a la conclusión de uno de ellos, el bien sufre una pérdida sensible de valor. Será un gasto recogido en las cuentas 691 o 692 y que actuará contra la 291 o la 292.

En definitiva, el inmovilizado material juega un papel trascendental en la empresa. Definir como tal los bienes que así lo requieran y cumplan las características establecidas en la ley nos ayudará a llevar una contabilidad fidedigna y ajustada. Se trata, además, de un grupo de partidas contables que debemos revisar anualmente de cara no solo a cumplir los preceptos legales, sino también a sacarle el máximo partido a nivel fiscal e impositivo.

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