Liderazgo positivo en equipos

Liderazgo positivo para gestionar equipos de manera eficiente

En un mundo tan cambiante como el que nos encontramos hoy en día, las relaciones en los equipos de trabajo deben adaptarse a los nuevos requerimientos de la sociedad para seguir siendo productivos. En este contexto ha cobrado fuerza la idea del liderazgo positivo como filosofía para dirigir grupos, especialmente en el ámbito laboral, con el objetivo de mejorar la eficiencia.

Las relaciones en el trabajo han cobrado nuevas formas, con más movilidad, más comunicación a distancia y más oportunidades de preparación. Actualmente, si queremos mantener un equipo fuerte y que permanezca orientado a la mejora de los resultados, la motivación se ha convertido en un factor determinante. Y la persuasión y la influencia se postulan como dos pilares para despertar este sentimiento.

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El concepto de líder positivo se describe contrapuesto al de jefe. Se considera que un líder influye y se gana el respeto con carisma, mientras que un jefe manda y busca el respeto a través de la autoridad. En estos momentos, el paradigma del liderazgo positivo, un ámbito analizado por Kim Cameron, es valorado por diversos efectos como crear un ambiente y en entorno agradable, generar compromiso entre los subordinados y conseguir que estos quieran continuar su labor en la empresa. Esto último podemos apreciarlo en sectores donde es sencilla la movilidad laboral, ya que así es más fácil mantener unidos los equipos evitando la marcha de integrantes formados y experimentados.

Gestionar con habilidad

La gestión es una de las funciones principales de un líder, y para que resulte positiva se pueden seguir varias pautas. Comandar una organización no es proceder desde la dejadez y la irresponsabilidad ni tampoco comportarse de una manera tiránica y sin tener en cuenta lo que piensan y sienten el resto de personas. El liderazgo podemos definirlo como una forma de actuar realista y responsable, teniendo en cuenta las posibilidades de cada uno.

Aquí llega el momento de delegar, una función que pone en marcha la persona que guía un grupo y que, bien realizada, supone ventajas para quien tiene la autoridad y para quien la recibe. Porque con la delegación de funciones el líder concede parte del poder de decisión a alguien que considera que está capacitado para cumplir ese cometido. Para ello también ha de haber una supervisión de lo que se realiza y una rendición de cuentas.

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Con ello aparecen varias ventajas, como que quien dirige se evita una carga que trabajo que puede realizar otra persona y puede destinar recursos a otras actividades. Y el subordinado se ve reconocido, lo que seguramente aumentará su autoestima y, por lo tanto, su motivación. Ello, además de la seguridad que da la supervisión a la hora de confirmar por todas las partes que la marcha va por buen camino.

Existe la posibilidad de que se den problemas como consecuencia de errores; entonces, la diferencia la marca la gestión de esta situación. El liderazgo positivo tiene una de sus señas de identidad en la manera de corregir. Se sigue la filosofía de aplaudir en público y corregir en privado. Es decir, valorar las cosas que están bien hechas de forma que pueda servir de ejemplo y no culpabilizar de forma personalizada cuando no se obtiene el resultado deseado, porque esto puede afectar el ánimo de la persona señalada. En todo caso, exponer el problema y la posible solución para que sirva de aprendizaje para futuras ocasiones.

Para conseguir que el resto de la gente tenga en cuenta nuestro punto de vista, un paso básico es dar ejemplo. Siguiendo con el tema anterior, una muestra de ello puede ser cuando un líder acepta sus errores, los explica y expone las posibles soluciones, de manera que crea una dinámica favorable para que los demás también lo hagan. Ello, aparte del conocimiento que proporciona aprender de las equivocaciones. Por otra parte, si alguien se dedica a negar sus errores y a echar la culpa a los demás, difícilmente será respetado.

Esta flexibilidad para mejorar ante situaciones complicadas también ejercita la adaptabilidad para afrontar cambios. En una sociedad que avanza en constante evolución, con desarrollos tecnológicos continuos que marcan las maneras de trabajar, saber amoldarse a lo inesperado es un valor diferencial. Ya decía el emperador Marco Aurelio que el obstáculo se convierte en el camino. Y esto es más fácil de alcanzar cuando se aprecian los cambios desde un punto de vista positivo.

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Estar atento a la necesidades de los demás

Conocer y tener en cuenta las necesidades de los integrantes del equipo es la base para que tengamos información sobre la gente con la que trabajamos y sobre la mejor manera de establecer una conexión. Cuando, al contrario, se genera un trato impersonal aparece un alejamiento emocional entre jefe y subordinado que dificulta los lazos de respeto y fidelidad.

En los últimos años destacan dos conceptos a nivel de gestión de organizaciones que se citan para formar conexiones entre los diferentes estamentos: la inteligencia emocional y la empatía. Conocida por la labor del psicólogo Daniel Goleman, la inteligencia emocional hace referencia a la capacidad para comprender las necesidades de las otras personas y, al mismo tiempo, hacerlas sentir comprendidas. Una herramienta básica para este fin es la escucha activa, atender lo que dicen los demás y preguntar cuando algo no ha quedado claro.

En el mismo sentido está la empatía, que es la capacidad de identificarse con otra persona y de entender sus sentimientos. Lo que popularmente se conoce como «ponerse en su piel» o «ponerse en sus zapatos». Así podemos analizar cómo se siente el otro. Al fin y al cabo, todos somos personas y tenemos emociones y sentimientos, y esto juega un papel importante en las variadas facetas de nuestra vida, incluida la laboral.

Para esta labor debemos tener presente la comunicación como motor de transmisión interpersonal. Si queremos algo, debemos transmitirlo de la forma más efectiva. Y, de la misma manera, es conveniente recibir las opiniones de los demás y que nos las den de forma libre y desinhibida. Con ello circulará un feedback que nos aportará información valiosa.

Fijarse en uno mismo

A veces cuesta prestar atención a nuestra propia persona, pero la manera en la que actuamos determina si podemos ejercer una autoridad positiva. Las cualidades de este tipo de liderazgo se pueden desarrollar con el trabajo, la experiencia, el conocimiento y, sobre todo, la actitud.

Un comportamiento que proporciona efectividad a las relaciones es la asertividad. Este es un término de moda que significa poner en valor y expresar las opiniones y sentimientos de una forma firme, respetando al mismo tiempo a los demás. Es una vía de comunicación que da mejores resultados que expresiones de un discurso negativo, como la comunicación agresiva (imponiendo el punto de vista) o la pasiva (con sumisión y minusvalorándose a uno mismo).

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Un esquema habitual de la comunicación asertiva consiste en exponer los hechos, expresar lo que nos hacen sentir, realizar una petición o una llamada a la acción y exponer las consecuencias que habrá si se realiza o no nuestra petición.

Otras actitudes personales positivas a la hora de gestionar una organización, ya desarrolladas en líneas anteriores, son saber reconocer los errores, asimilar los problemas, buscar soluciones, reconocer y sacar a la luz las fortalezas de los demás y escucharles. Se pone el foco en los demás, pero ha de salir de uno mismo.

Los beneficios de llevar a cabo todas estas acciones los vemos en diversas vertientes. Por una parte está el desarrollo de la eficiencia a la hora de gestionar los recursos y promover el éxito de los proyectos. Y también destacan las ventajas a nivel personal, ya que una persona feliz y autorrealizada goza de un bienestar corporal que se expresa incluso en la producción de neurotransmisores como la serotonina y la dopamina. Y esto se muestra tanto en quien ejerce la autoridad como en quien la recibe.

Por eso, la generación de un clima de trabajo agradable y un entorno cómodo es uno de los objetivos de un gestor de equipos. Una de las formas más eficientes de conseguir este sentimiento es el agradecimiento, es decir, dar las gracias sin complejos cuando sea conveniente. Y, además, aquí se extrapola el concepto de dar ejemplo.

Y otro aspecto a desarrollar es el respeto desde la autoridad. Porque la persona que es líder está en una posición de responsabilidad para tomar decisiones y hacer que estas se cumplan. Sin embargo, tiene claro que quien está a su cargo son subordinados, pero siguen siendo personas igual que él o ella; por lo tanto, todo el mundo merece ser respetado. Lo mismo sucede cuando se está en contacto con gente en el mismo eslabón jerárquico o por encima.

Conclusión

En resumen, en el liderazgo positivo se trata de cuidar el clima emocional del equipo y crear un entorno agradable y en el que se reconozcan las fortalezas. Porque coincidimos en que los trabajadores felices son más productivos y están más comprometidos con el objetivo conjunto. Al final se trata de buscar el bien común, lo que se conoce como Win-Win donde ganan todas las partes, y conseguir resultados positivos siendo proactivos, tomando la iniciativa.

¡Vamos, cuéntaselo a todos!

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