Tipos de empresas

Conocer los distintos tipos de empresas reconocidos por la legislación española es indispensable para poder decidir cuál es la fórmula más adecuada para el negocio que vamos a emprender. Disponer de toda la información posible es el paso previo imprescindible para lograr encajar en una sola figura empresarial aspectos como la inversión inicial, las responsabilidades jurídicas asumidas y el patrimonio con el que vamos a trabajar.

Empresas con un solo socio

Si decidimos iniciar un negocio en solitario, disponemos de dos alternativas: autónomo o emprendedor de responsabilidad limitada. Sus características determinan la viabilidad del proyecto en relación a los objetivos establecidos a largo plazo.

Autónomos

Se trata de la persona física que actúa como empresario individual y que realiza una actividad lucrativa sin depender de nadie. En cambio, sí que es posible que tenga empleados a su cargo.

Una de las ventajas que nos proporciona esta opción laboral es que no requiere de capital inicial para poder empezar a trabajar. Eso sí, también hemos de tener en cuenta que el autónomo es responsable del negocio con sus bienes.

Si nos decantamos por un proyecto empresarial de este tipo, es obligatorio cotizar en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos de la Seguridad Social. En este caso, es el propio autónomo el responsable de llevar a cabo la afiliación.

Este régimen de cotización nos ofrece coberturas por incapacidad temporal y contingencias profesionales, además de la jubilación llegada la edad correspondiente y después de cumplir con los requisitos establecidos en la ley.

Emprendedor de responsabilidad limitada

Este tipo de empresa es uno de los más nuevos que existen en la legislación española. Se basa en una sola persona física, la cual realiza una actividad lucrativa de forma habitual y por cuenta propia. Al igual que los autónomos, podemos tener trabajadores a nuestro cargo. Tampoco requiere de un capital inicial para empezar la actividad empresarial.

La principal novedad que ofrece este tipo de empresa es que los profesionales no tenemos que responder a las deudas que generemos con nuestro patrimonio personal siempre que se cumplan una serie de requisitos específicos, como, por ejemplo, tener una vivienda de un valor inferior a los 300 000 euros.

Sociedad de responsabilidad limitada

Es muy usada por los pequeños empresarios individuales que tienen socios que realizan contribuciones. El capital social se divide en aportaciones que acumulan cada uno de ellos. Este tipo de compañía tributa cumpliendo con el impuesto de sociedades.

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Cabe destacar que necesita un capital inicial mínimo de 3000 euros. Una de sus principales ventajas es que el empresario no responde con su patrimonio personal. De hecho, la responsabilidad es solidaria entre todos los socios en función del capital que hayan aportado.

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Se considera que una sola persona ya puede establecer una sociedad de responsabilidad limitada, aunque, en este caso, se denomina sociedad limitada unipersonal. Además, debemos resaltar que los socios pueden ser tanto personas físicas como jurídicas.

La constitución de esta sociedad se lleva a cabo con estatutos y escritura ante notario, la cual hemos de inscribir después en el Registro Mercantil.

Sociedad limitada de formación sucesiva

Al igual que el emprendedor de responsabilidad limitada, es una de las formas empresariales más novedosas de nuestra legislación.

Se puede constituir con solamente un socio y tiene el mismo funcionamiento y régimen fiscal que la anterior. Sin embargo, una de las principales diferencias con la sociedad de responsabilidad limitada es que no exige un capital mínimo inicial.

Esta figura empresarial sí incluye obligaciones de responsabilidad solidaria en caso de liquidación de la empresa, así como en las retribuciones a socios y administradores.

Sociedades profesionales

Las sociedades profesionales requieren de mínimo un socio para su desarrollo, aunque se han creado para ofrecer seguridad jurídica y un régimen común a profesionales con una misma actividad. De esta manera, se pretende que los clientes obtengan las mejores garantías de servicio.

Pueden ser limitadas o anónimas. De hecho, su capital inicial dependerá de cuál de estas formas se adopte. Además, hay que tener en cuenta que el 75 % del voto, el capital y el patrimonio social deben estar en mano de profesionales.

Sociedad anónima

Al igual que en el caso anterior, requiere de, al menos, un socio para su constitución. Este tipo de sociedad mercantil divide su capital social en acciones y requiere una aportación mínima inicial de 60 000 euros. Por otra parte, su funcionamiento se basa en la tributación en el impuesto de sociedades.

Podemos encontrar dos tipos de sociedades anónimas:

– La abierta es la que se financia a través de la emisión pública de acciones. Es decir, por parte de personas ajenas al funcionamiento de la empresa.

– En la cerrada, el patrimonio es fruto de las aportaciones de sus socios fundadores.

El acta de constitución de una sociedad anónima debe incluir diversos datos:

– Nombres de los integrantes o denominación social (si los socios son personas jurídicas).

– Estatutos de creación y funcionamiento.

– Datos de los responsables de la administración y la representación social de la empresa.

– Capital social.

– Número de acciones, valor e importe.

– Órgano de administración.

Empresas con varios socios

Si decidimos emprender un proyecto junto a otras personas, es necesario que valoremos las fórmulas legales que existen para su constitución. De esta manera, podremos seleccionar la opción más adecuada para cada situación.

Comunidad de bienes

Es una buena alternativa para aquellos casos en que se lleva a cabo una actividad empresarial en base a la propiedad de un bien o un derecho. Un buen ejemplo de esto son las compañías que se dedican al alquiler de pisos.

Para constituir una comunidad de bienes, no hace falta que poseamos un capital inicial mínimo. Además, no se tributa directamente por las rentas obtenidas. Por último, no debemos olvidar que esta configuración empresarial tiene una responsabilidad ilimitada frente a terceros.

Sociedad civil

Mediante este tipo de contrato, varias personas reúnen capital para conseguir ganancias que se repartirán a posteriori. No necesita de una aportación inicial y dispone de rentabilidad ilimitada.

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Una de sus características destacadas es que nos brinda la posibilidad de tributar según el régimen de cada socio o con el Impuesto de Sociedades si la empresa tiene un objetivo mercantil.

Entre las ventajas de la constitución de una sociedad civil, destacan:

– Los trámites de su constitución son más sencillos y económicos que los de una sociedad mercantil.

– Su sistema de gestión fiscal y de contabilidad es más funcional que en el caso de las sociedades limitadas.

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– Da la opción de cotizar por la cuota mínima en el Régimen de Autónomos.

– Favorece la colaboración entre profesionales autónomos.

A la hora de constituir una sociedad de este tipo, es necesario que firmemos un contrato privado entre las partes que van a participar. Además, debemos realizar los siguientes trámites:

– Alta en Hacienda.

– Alta en el IAE.

– Alta en la Seguridad Social.

– Impuesto de transmisiones y actos jurídicos documentados.

– Si fuera necesario, obtención de la licencia de apertura del local.

Sociedad colectiva

Esta sociedad mercantil agrupa a un mínimo de dos socios en una misma razón social para participar en sus derechos y obligaciones. No necesita de un capital inicial mínimo y la responsabilidad de la empresa se reparte de forma solidaria entre todos, además de ser subsidiaria respecto a las deudas de la sociedad.

Entre sus beneficios, merece la pena que destaquemos los siguientes:

– La participación directa de los socios en las ganancias, un factor que aumenta su motivación por el trabajo.

– La posibilidad de tener más capital para la empresa gracias a la combinación de las aportaciones de todos los socios.

– En principio, cada socio tiene derecho a voto. Por lo tanto, la empresa funciona democráticamente.

Por otra parte, también hemos de mencionar algunos de sus puntos negativos:

– La responsabilidad ilimitada de los socios.

– El hecho de que cada socio depende de los demás. En este sentido, los nuevos deben ser aceptados por todos.

– Es difícil hacer que un socio no deseado deje de pertenecer a una sociedad colectiva.

Sociedad comanditaria simple

Se trata de una sociedad mercantil con un mínimo de dos socios que no tiene un capital inicial mínimo establecido y que se caracteriza por dividir a sus socios en comanditarios, aquellos que solamente aportan capital, y colectivos (los que proporcionan capital y trabajo). En este último caso, su responsabilidad es ilimitada.

Sociedad anónima laboral

También con un mínimo de dos socios, en este tipo de sociedades los empleados tienen la mayoría de capital social. Además, trabajan de manera retribuida en ella. Para constituirla, necesitamos un capital inicial de, al menos, 60 000 euros.

Sociedad comanditaria por acciones

Aquí también se precisa de un mínimo de 60 000 euros para poder iniciar la actividad. En este caso, son los socios los que aportan el capital, el cual se divide en acciones. Uno de ellos debe asumir el papel de responsable administrativo, por lo que deberá hacer frente a las deudas sociales.

Sociedad cooperativa

Si queremos establecer una sociedad cooperativa, hemos de ser, como mínimo, tres socios. Esta figura empresarial tiene un régimen de libre adhesión y baja. De hecho, funciona de forma democrática. Su principal objetivo es desarrollar actividades que solucionen las necesidades económicas y sociales.

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Las sociedades cooperativas trabajan con el capital inicial fijado en los estudios y se caracterizan por tributar en el régimen especial del impuesto sobre sociedades.

Entre sus beneficios, hemos de señalar:

– La responsabilidad de cada uno de los socios se limita a su aportación inicial (aunque la deuda de la empresa sea mucho más superior).

– Todos los socios tienen sus derechos equiparados al mismo grado tanto a nivel político como económico.

– Es posible que los socios reciban intereses como beneficio por su aporte inicial al capital social.

– Se pueden beneficiar de exenciones y reducciones en los impuestos, así como de posibles subvenciones.

De todos modos, también es importante que citemos algunas de sus limitaciones:

– Es difícil conseguir el acuerdo entre todos los socios que forman parte de una cooperativa. Hay que tener en cuenta que cada uno ellos puede votar con el mismo grado de importancia, es decir, independientemente del capital que se aporte.

– Por regla general, las cooperativas imponen condiciones que dificultan la inscripción de nuevos socios.

– Otro lastre importante de este tipo de agrupación empresarial es que la legislación les impone muchos límites a la hora de contratar como trabajadores a personas que no sean socias. Esto tiene el objetivo de evitar que se desvirtúe la esencia de las cooperativas.

Sociedad cooperativa de trabajo asociado

En este modelo de cooperativa también necesitamos un mínimo de tres socios. Aunque posee objetivos sociales y de ingresos económicos, su finalidad principal es proporcionar a los socios un puesto de trabajo. La responsabilidad de esta figura está limitada al capital de la sociedad.

Una de las ventajas de estas cooperativas radica en el ahorro de dinero que representa no tener que perder tiempo en trámites burocráticos individuales. Además, nos permite trabajar estando dado de alta en el Régimen General de la Seguridad Social como cualquier empleado por cuenta ajena. Por lo tanto, no deberemos pagar la cuota de autónomos.

Por otra parte, las cooperativas ofrecen asesoramiento legal a los asociados, lo que representa un gran apoyo para las personas que trabajan por su cuenta y, por lo tanto, cuentan con pocos recursos personales y económicos para poder hacer frente a ciertas situaciones.

En cambio, no debemos olvidar que este tipo de organizaciones acostumbran a pedir un pago para entrar a formar parte de la cooperativa, ya sea único o una tarifa mensual.

Sociedad agraria de transformación

Por último, la sociedad agraria de transformación está diseñada para desarrollar mejoras en el ámbito rural. De hecho, trabaja con productos agrarios, forestales o ganaderos. Puede ser una sociedad limitada o anónima y los socios (tres como mínimo) responderán de forma mancomunada e ilimitada.

Estas son, a grandes rasgos, las características más importantes de los distintos tipos de empresas que nos permite establecer la legislación española en la actualidad. Conocer sus ventajas e inconvenientes nos resultará muy valioso a la hora de decidirnos por una u otra alternativa.

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