¿Es posible patentar un programa informatico?

Vivimos en un mundo en el que la globalización hace que las ideas estén en constante movimiento. Ello puede inducirnos a preguntarnos si al patentar un programa informatico podemos evitar que esta clase de ideas puedan ser difundidas sin nuestro permiso.

Esto nos lleva inevitablemente a pensar si existe un registro de software y qué aspecto tendría. Para responder estas preguntas es necesario ir a la raíz de la cuestión, es decir, replantearnos qué es un software y una patente y cómo son compatibles ambas ideas.

¿Qué entendemos por programa informático?

Un programa informático o software es aquella aplicación o recurso que permite realizar alguna tarea concreta en un ordenador, en un teléfono móvil o en otros dispositivos. Tras esta definición, lo que encontramos es que los ordenadores se configuran mediante lenguajes de programación, también conocidos como códigos. Estos lenguajes permiten controlar la máquina, es decir, el ordenador, mediante datos y operaciones.

Esas operaciones las va realizando el ordenador siguiendo reglas semánticas y sintácticas. Además, los programas cuentan con bases de datos propias, archivos, vínculos y otros elementos que aumentan su eficacia y disminuyen los tiempos de espera.

Algunos programas requieren de una licencia para ser utilizados. Esta licencia reconoce unos derechos de uso y puede ser gratuita. Sin embargo, otras veces la licencia es de pago y algunas personas encuentran la manera de conseguirla sin tener que pagar. Este tema es precisamente el que vamos a tratar en cuanto a las patentes.

¿Qué se considera patentar algo?

La idea de patente es la primera que tenemos que tener clara antes de proseguir con la estructura de la patente de software. Una patente es lo que se conoce como título de Propiedad Industrial. Esta propiedad permite reservar al autor o al titular el derecho a defenderse de copias, fabricaciones, falsificaciones y demás artículos que choquen con el producto original. Es decir, la patente otorga el derecho y la prioridad al autor original sobre aquellos que fabriquen productos similares al suyo sin su consentimiento.

Por ello si ocurre un caso de infracción, el autor puede llevar ante la justicia a aquellos que supuestamente hayan incurrido en un delito. Existe otra figura similar, pero con menos fama a día de hoy, llamada modelos de utilidad, que se centran exclusivamente en productos y aparatos técnicos, por lo que no se podría patentar, por ejemplo, un proceso o una metodología.

Esto último sí puede hacerlo una patente tradicional, ya que se encarga de proteger a nivel legal los procedimientos, productos, dispositivos, etc. O lo que es lo mismo, los procedimientos también están cubiertos por la patente.

Documentación para patentar un programa informatico

Para presentar una patente aplicada a este caso, habría que mostrar una memoria en la que se describa con detalle qué problema resuelve nuestra idea. Para hacerlo más gráfico, iría acompañado de dibujos, gráficos, aclaraciones, anexos, etc. En España, como veremos posteriormente, la agencia encargada de estas cuestiones es la OEPM, cuyo registro es indispensable mirar antes de proceder. Algunas veces, se intentan registrar procedimientos que ya se han patentados.

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¿Es posible aplicar una patente a un software?

Se trata, sin duda, de un tema espinoso, ya que oficialmente en la Unión Europea, la patente de softwares o programas informáticos no se entiende como un derecho. Esto no quiere decir que un programa esté desprotegido y sea fruto de robos de propiedad intelectual constantes. Al contrario, por eso es un tema complejo que vamos a desgranar basándonos en ideas sencillas.

Cómo patentar un programa informático como funcionalidad de software

Este apartado si es susceptible de aparecer en el registro de patentes. La funcionalidad del software es un término que hace referencia no al producto o servicio acabado, es decir, al software con su marca comercial. Por el contrario la parte que goza de protección es la programación interna del software. Anteriormente ya habíamos visto como los programas se regían por códigos que realizaban operaciones.

Pues en este caso, lo que importa es la manera en la que está escrito este código, ya que da acceso a la aplicación del software en un dispositivo. Así lo que queda registrado es el llamado código fuente. Es necesario recordar este concepto, porque más adelante volveremos a nombrarlo.

Consenso sobre la protección jurídica del software

En todo el mundo se trata de un tema de conflicto. Por este motivo los países deciden crear sus propias normativas en cuanto a los creadores de software y empresas que operan en su país. Algunos de los países o entes que han llegado a regularizar este limbo han sido Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, en la que, por ende, entendemos España.

Algunos de los puntos en común que tienen es que admiten que un software puede ser una invención que se aplica por medio de un ordenador. Esta visión se amplía en España, además, en virtud de la Ley de Propiedad Intelectual, que protege al código fuente que hemos nombrado anteriormente.

Teniendo esto claro, parece evidente que ningún organismo duda de que un programa informático nace de la inteligencia y la creatividad de una persona, que le añade conocimientos técnicos. Esto sería suficiente para conseguir una patente en el mundo físico, es decir, en el de los inventos tangibles. Sin embargo, a la hora de declarar este software de un creador como algo original, es más complejo.

La duda parte de la dificultad para separar un software de sus predecesores o de otros elementos que incorpora y que no son propios. Para ahorrarse malentendidos, en España la legislación se adapta a la normativa europea y contempla solo el software que incide de manera real en algún otro proceso.

Proteger propiedad industrial, pero también propiedad intelectual

Ya hemos hablado anteriormente del código fuente, es decir, del lenguaje informático que traduce códigos a acciones. Este puede homologarse a cualquier obra de carácter científico e incluso literario. Este tipo de obras sí gozan de una protección sin ambigüedades.

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La idea no es decantarse por un tipo u otro de propiedad, una más teórica y otra más aplicada, sino combinar ambas. La propiedad industrial puede proteger el software, mientras que la propiedad intelectual puede evitar que el código fuente sirva para que otros tengan acceso a las instrucciones de nuestra idea. Quedan cubiertos de esta manera incluso manuales, guías y otros textos y formatos que den soporte al software.

Algunas excepciones son, por ejemplo, cuando un autor tiene una idea o un boceto que aún no ha llevado a cabo o ha usado un código fuente en particular. Por tanto, otro autor podrá o bien materializar esa idea o ese procedimiento, o bien llevarlo a cabo usando otro código fuente si ya ha sido puesto en práctica. Esta idea es importante tenerla en cuenta en las empresas del sector, ya que a menudo pueden ser víctimas de infracciones que son relativamente sencillas de cometer. Pueden ser causadas por personas que han trabajado en una empresa y se cambian a la competencia o deciden utilizar procedimientos que han aprendido para beneficio propio.

¿Cómo patentar un programa informatico?

Para empezar, lo primero que se puede hacer en Europa es un registro tanto de la marca como del logotipo que identifica a la aplicación o el software en cuestión. Aquí entran todas las variables de nombres comerciales y derechos de propiedad de marca. A veces esto puede dar incluso una ventaja competitiva, puesto que el producto concreto que se representa acaba generalizando el nombre en cuestión del segmento.

Un ejemplo de eso sería en otros productos cuando se denomina coloquialmente “scalextric” a cualquier juguete de pistas eléctricas. Esto tiene una ventaja indudable para la empresa que patentó primero su marca.

Registrar la marca y el emblema permite, por tanto, defender el nombre y la imagen corporativa del software o aplicación y facilitar su hegemonía en el mercado. Además, se puede registrar como diseño industrial las partes de la interfaz de estos programas que consideramos vitales para diferenciarlas de la competencia. De este modo, cualquier intento de copia de este apartado tan visual de nuestra idea informática quedará sujeto a leyes de protección intelectual bajo sanciones legales.

¿Qué son los contratos de cesión?

En este caso se aplican directrices de propiedad intelectual. Tendremos que tener en cuenta a todas las personas que han participado en desarrollar esta idea y que podrían obtener un rédito económico en el futuro. Esta idea ya se ha mencionado antes cuando hemos hablado de los riesgos de compartir información y procedimientos a nivel corporativo con los empleados. Se pueden ejecutar contratos de cesión a socios o a empresas colaboradoras, acotando siempre el fin de estas cesiones.

Derechos de autor y software

Los derechos de autor dependen del país de origen, pero en general actúan entre unos 50 y 70 años desde el momento en el que fallece el autor. Como autor entendemos el propietario legal de la creación, una figura compleja pero que se puede establecer por vía del copyright y de acciones notariales.

Cuando hablamos de copyright, los titulares pueden ser varios, tantos como acrediten que conjuntamente han desarrollado la aplicación o software y puedan demostrarlo mediante el ya conocido código fuente. Esta comprobación debe hacerse ante las autoridades pertinentes del país.

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Aunque se realice este trámite en un país, es válido en 177 países que firmaron un acuerdo mercantil llamado el Convenio de Berna. Dependiendo del tipo de sociedad que posea la idea, ya que puede ser una empresa o un particular, tendrán que tramitar diferentes documentos con presencia notarial. En dicho convenio internacional, el software entra dentro de lo que se denomina como obras literiarias y artísticas.

Así, de manera sencilla, uno o varios autores pueden resolver los pasos a seguir ante notario y justificar la autoría de dicho código fuente. De esta forma, la idea del software queda protegida sin tener que ser publicada, algo que evidentemente pondría en peligro su exclusividad.

En resumen

Sabemos que en el mercado existen una gran cantidad de programas informáticos y aplicaciones que no se pueden proteger mediante patente. Estos casos se dan porque no son ideas que presenten novedad o una actividad creativa, se pueden aplicar a un procedimiento industrial o no tienen carácter técnico. Estas son algunos de los requisitos que hemos ido nombrando a lo largo del artículo.

Estos elementos son a veces fuente de disputa, ya que puede considerarse como valoración subjetiva el discernir si es único y creativo un software o, por el contrario, ya existe algo medianamente similar. Como estos convenios actúan a nivel mundial, algunos creadores se enfrentan a que la idea ya ha sido patentada en algún lugar del mundo, sin ellos conocerlo.

Para asegurar que estos procesos son transparentes y no hay irregularidades, es un experto el que tiene la última palabra. Del mismo modo, otros creadores discuten si su invención de software cumple o no con una aplicación industrial. La definición sencilla dice que debe de poder interaccionar independientemente captando información y aplicando esos datos.

Sin embargo, no todos los software que se desarrollan cumplen ambas premisas. Además, debe de solucionar un problema o aportar una invención que no exista antes, ni en el plano técnico digital, ni en el plano físico.

Ya hemos mencionado las complejidades de calificación que sufren las aplicaciones y el software. Tienen que cumplir diversos requisitos, estar en consonancia con la legislación local, no interferir en la propia protección de propiedad de inventos extranjeros, etc. No es tarea fácil y además, requiere de capacidad financiera a la hora de contratar los servicios de especialistas. Esto es una inversión, ya que mayor desembolso constituye un litigio judicial acerca de una patente o una copia.

Además, estos casos suelen terminar con una indemnización de un creador a otro si se demuestra que se han vulnerado los derechos de alguno. En el caso de las empresas, los costes económicos y de imagen que puede suponer un proceso judicial así pueden acabar por completo con la actividad de la empresa.

Por todo ello recomendamos ponerse siempre en manos de profesionales como manera preventiva y no dilatar en el tiempo el proceso de patentar un programa informático. A la larga ahorraremos dinero, malas experiencias y podremos asegurar un futuro próspero para la creación en la que hemos invertido.

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